Diario La Capital , Domingo 18 de Marzo de 2018

Territorio ocupado

Un libro pone el eje en la historia del edificio que se convirtió en el símbolo rosarino del terrorismo de Estado.

Leopoldo Fortunato Galtieri saluda a la tropa.

Por Virginia Giacosa

Durante los años de la última dictadura, y también antes, en ese lugar se tomaron estratégicas decisiones. No sólo de vida o muerte, o de inteligencia militar, sino también de negocios, de políticas públicas. La jefatura del Comando del II Cuerpo de Ejército la ocuparon Ramón Genaro Díaz Bessone —hasta octubre de 1976— y Leopoldo Fortunato Galtieri durante los años más álgidos del terrorismo de Estado. Que el edificio donde ahora funciona el Museo de la Memoria, en la esquina de Córdoba y Moreno, fuera casi un mito urbano era también una invitación a completarlo con el riguroso registro de la historia.

Si la memoria es el recuerdo de un pasado vivido, la historia es una construcción, a veces incompleta pero siempre documentada, de aquellos hechos que dejaron rastros. Para Gabriela Aguila, doctora en historia por la Universidad Nacional de Rosario, "su tarea como disciplina es explicar, comprender y sobre todo complejizar esos relatos que la memoria construye". Es así que su trabajo parte de esas huellas para compararlas, entrecruzarlas y ponerlas a dialogar en un relato explicativo más amplio. De contar la historia de un enclave territorial donde hoy se construye memoria surgió el libro Territorio ocupado. La historia del Comando del II Cuerpo de Ejército en Rosario (1960-1990).

La investigación se inició en 2012 a partir de una idea de Viviana Nardoni, actual directora del Museo de la Memoria. Tres historiadoras y un antropólogo fueron convocados a bucear en torno a la historia del Ejército en Rosario y de la propia casa de la institución, que había sido la sede de la comandancia, en Córdoba y Moreno.

El edificio, conocido originalmente como Casa de los Padres, y donde actualmente funciona el Museo de la Memoria, fue proyectado por el arquitecto Ermette De Lorenzi y construido por el ingeniero José Spirandelli en el año 1928. La casona dejó de ser utilizada como residencia familiar hacia finales de la década de 1940. A partir de ese entonces tuvo diferentes usos: fue sede del poder militar —allí asentó su base burocrática y operativa el Comando del II Cuerpo de Ejército a lo largo de más de 25 años— y en 1983, con la recuperación de la democracia, el edificio pasó de estar próximo a la demolición a ser utilizado con fines gubernamentales, primero, y comerciales, después (funcionó el bar Rock & Feller's hasta marzo de 2010, cuando se convirtió en un sitio destinado a la memoria).

El libro recientemente lanzado por la Editorial Municipal de Rosario no trata únicamente de hacer una historia institucional de las Fuerzas Armadas situada en una ubicación local y regional, sino que pretende enlazarla con un conjunto de procesos políticos y sociales ocurridos en la ciudad en las últimas décadas. "Pero también, y con el estudio de la dinámica represiva, se trataba de explicar la centralidad social y política que la institución militar había tenido en Rosario desde la instalación del Comando y las diversas actuaciones que el Ejército había desplegado en nuestra área hasta nuestros días", explica Aguila.

La investigación coincidió con la apertura de archivos militares, la desclasificación de documentación y el apoyo del Ministerio de Defensa de la Nación a las investigaciones judiciales por delitos de lesa humanidad, lo que, sin dudas, viabilizó el trabajo de los autores. Enfática y precisa, Aguila se zambulle en el diálogo con Cultura y Libros.


—¿Qué dificultades debieron afrontar lo largo de la búsqueda?

—Los desafíos fueron numerosos. Teníamos muchas preguntas sin respuestas fundadas, y otras tantas surgieron en el curso de la investigación. Sin ir más lejos, no estaba claro cuándo y por qué el Ejército decidió instalar la comandancia en la ciudad de Rosario. Contábamos con algunos datos respecto de los usos y funciones del edificio del Comando en el período de la última dictadura, pero no mucho más. Conocíamos sobre la actuación del Ejército en el accionar represivo en el período que se abre con el golpe de 1976, pero poco y nada sobre los años previos. Por otro lado, habíamos constatado las fluidas relaciones establecidas entre el Ejército y las "fuerzas vivas" de la ciudad, pero se habían investigado sólo parcialmente las líneas de actuación del Ejército en el espacio social y político local. Y a la vez que vislumbrábamos el papel clave que durante décadas el Ejército había tenido en nuestro ámbito, resultaba necesario saber qué había sucedido en el contexto de la transición democrática a escala local, para explicar cómo los militares habían "salido" del centro de la escena. También resultó un desafío estudiar aquellos aspectos que conocíamos menos del funcionamiento del Ejército: las jerarquías y la cadena de mando, la terminología militar, los documentos institucionales. Y, finalmente, una de las mayores dificultades fue detectar, localizar y acceder al material documental que sirvió como base de esta investigación.

—¿Cuáles fueron las principales fuentes consultadas?

—Una parte de la documentación estaba disponible en reservorios y archivos públicos de la ciudad y la provincia: la prensa nacional y local, la documentación contenida en las causas judiciales tramitadas en el fuero federal de Rosario, el acervo del Museo de la Memoria o, con mayores dificultades por las limitaciones para su acceso, en el Archivo de la Memoria de la provincia de Santa Fe; a la que se agregaron otros materiales que estaban en manos privadas. Pero la documentación más significativa, por su novedad o porque no había sido analizada en forma sistemática por los investigadores, fue la que se localizó en los archivos castrenses, en particular en el Archivo Histórico del Ejército, que nos permitió acceder a materiales como legajos personales, libros históricos del comando, reglamentos y normativas, entre otros tantos documentos. Finalmente, la realización de numerosas entrevistas a un conjunto de personas que de algún modo se vincularon con la historia que estábamos investigando (ex presos políticos, ex conscriptos, familiares de detenidos-desaparecidos, dirigentes políticos y estudiantiles o periodistas locales), aportó datos, vivencias y recuerdos que hicieron más rica y compleja nuestra reconstrucción.

—¿Por qué era necesario completar este vacío en la historia?

—El libro cubre un vacío en el conocimiento de procesos clave de la historia reciente a escala local. Puntualmente sobre la actuación del Ejército en la segunda mitad del siglo veinte, a la vez que ilumina aspectos de nuestra historia social y política a través del estudio de un actor central en la vida de la ciudad, cuya importancia se magnifica por el despliegue en los años 70 de una violencia represiva inédita en su escala y magnitud que tuvo a Rosario como uno de sus epicentros.

—¿Y qué hay del diálogo que se establece en ese enclave edilicio que fue sede del comando y hoy es sitio de la memoria?

—Uno de los méritos más importantes de todo el proceso fue que logró empatar una inquietud y el impulso de quienes gestionaban un sitio de memoria en la ciudad con las agendas de investigación sobre la historia reciente argentina, dando como resultado un trabajo novedoso, y sobre todo fundado empíricamente y riguroso en su elaboración. Esta articulación entre la memoria y la investigación académica es, a mi juicio, un salto cualitativo. Porque es un antídoto para las simplificaciones de ciertos relatos memoriales y los estereotipos que circulan sobre el pasado reciente argentino.

—¿Cómo se enmarca la publicación en un contexto negacionista del pasado?

—En un contexto como el actual, donde se han generalizado relatos negadores de las violaciones a los derechos humanos y visiones pretendidamente "revisionistas" del pasado sin fundamento ni debate profundo, resultan imprescindibles emprendimientos como el de esta investigación, que constituye un ejemplo y una tarea que debería ser replicada en otros espacios de memoria. En tal sentido se trata de complementar y enriquecer los trabajos de la memoria, acrecentando el saber disponible y brindando elementos para el análisis, el debate y la comprensión sobre el tramo del pasado que se estudia, en particular cuando se trata de un pasado tan controversial y presente como el que es materia de este libro.

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